El SMI y la metáfora de la rana hervida
En un artículo publicado en el Diari de Girona el pasado viernes, el director general de ASPRONIS usa la metáfora de la «rana hervida» para reclamar medidas que compensen el aumento de costos salariales de los Centros Especiales de Trabajo (CET).
El incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) es, sobre el papel, una noticia positiva para la sociedad. Sin embargo, para los colectivos con especiales dificultades de inserción, esta medida puede convertirse en un arma de doble filo si no se acompaña de soportes institucionales. Así lo ha expuesto Francesc Durà, director general de la Fundació ASPRONIS, en su última columna de opinión.
La metáfora de la rana hervida
Bajo el título «El SMI y la rana hervida», Durà reflexiona sobre cómo los Centros Especiales de Trabajo de iniciativa social están asumiendo una presión económica creciente que pone en riesgo su viabilidad. La metáfora es clara: si pones una rana en agua hirviendo, salta; pero si el agua se calienta poco a poco, el animal no percibe el peligro hasta que es demasiado tarde.
«Desde 2015 el SMI se ha incrementado un 88% nominal», recuerda Durà, mientras que los precios han crecido en torno a un 33%. Este desajuste del 45% de coste real sobre los proyectos sociales obliga a elevar la productividad a niveles que, a menudo, son inalcanzables para personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental sin poner en riesgo su estabilidad.
El papel clave de los CET en Cataluña
El artículo pone en valor la función social de la Ley Lismi (1983), que permitió crear espacios protegidos para que personas rechazadas por el mercado ordinario pudieran ser ciudadanos de pleno derecho gracias a su trabajo. Actualmente:
- Unas 10.000 personas con discapacidad trabajan en CET de iniciativa social en Cataluña.
- Solo 1 de cada 5 personas de este colectivo tiene acceso al mercado laboral.
Una llamada a la acción
El director de ASPRONIS advierte que, si la administración no reacciona con medidas compensatorias, el mercado laboral acabará expulsando a los trabajadores más débiles. «Esto sería imperdonable», sentencia, recordando que los CET no sólo compiten en el mercado, sino que tienen la misión de ofrecer los apoyos necesarios para el desarrollo vital de las personas.
Desde la Fundación, nos afianzamos en este análisis: son necesarias políticas que entiendan que la inclusión tiene un coste que la sociedad debe estar dispuesta a asumir para evitar que la «temperatura» acabe con décadas de progreso social.